Los cafés especiales de Colombia no empiezan en la taza
Hay cafés que se reconocen incluso antes de probarlos. Los ves y sabes que algo distinto habita ahí. Así conocí Café Travesía en Medellín, con la certeza silenciosa de que detrás había historia, territorio y propósito.
Siempre busco nuevos cafés no para hablar de sabores sino para escuchar lo que cuentan. La magia aparece cuando probamos por gusto, no por tendencia ni por validación en redes.
Cuando el café se cuenta desde el origen
Mi curiosidad me llevó a conversar con la barista de Café Travesía. Y ahí entendí todo. Su acento montañero te transporta al campo sin pedir permiso. Habla con orgullo del territorio y de lo que significa ser caficultora colombiana.
Caicedo y Urrao aparecen en su relato como mapas vivos. El chiroso surge como símbolo. Una variedad que pasó de ser café de montaña a convertirse en referencia floral de Antioquia.
Escucharla fue entender que el café no se vende solo. Se honra.
El territorio también educa el paladar
Su historia creció en la vereda La Encarnación. Un lugar marcado por el olvido, la violencia y la ausencia del Estado. Para ella, ese mismo camino era belleza pura, musgo vivo, paisajes de páramo y viajes en mula llenos de asombro.
Ahí comprendí algo esencial.
- El café conecta memoria y presente
- El territorio moldea el carácter
- La identidad se transmite cuando se narra
- El café especial es cultura viva
Esa conversación me devolvió a lo esencial. A nuestra identidad montañera. A un tesoro que aún espera ser recorrido con los sentidos abiertos.


