El origen también debería estar en la etiqueta

El origen también debería estar en la etiqueta

Colombia es reconocida mundialmente por producir café, caña de azúcar y una enorme diversidad de materias primas. Sin embargo, existe una paradoja que desde hace años me inquieta como Curador Consciente®. Podemos comprar un producto asociado profundamente con nuestra identidad nacional y, aun así, no tener completamente claro de dónde proviene la materia prima con la que fue elaborado.

Esa inquietud fue precisamente una de las razones que hace años me llevó a estudiar la industria del café. La pregunta inicial parecía sencilla: si Colombia produce uno de los cafés más reconocidos del mundo, ¿por qué no necesariamente consumimos café colombiano? Hoy esa conversación volvió a aparecer gracias a Germán Bahamón, gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, y creo que debería llevarnos mucho más allá del café.

Un sello de origen colombiano para elegir

Bahamón puso recientemente sobre la mesa una cifra que resulta sorprendente. En los últimos doce meses Colombia importó 1,55 millones de sacos de café, mientras nuestro consumo interno se encuentra alrededor de 2,4 millones. Una parte de esas importaciones responde legítimamente a necesidades de abastecimiento en un periodo de menor disponibilidad, pero el propio dirigente cafetero señala que también existe otro factor relacionado con lo que denomina la “arquitectura de precio”.

El café colombiano tiene unos costos de producción y un valor de origen que establecen límites sobre el precio al que puede llegar al consumidor. Por eso, detrás de determinados precios en góndola también puede existir una decisión sobre el origen de la materia prima. El problema no es necesariamente importar café ni ofrecer productos de diferentes precios. El verdadero problema aparece cuando el consumidor no cuenta con información suficientemente clara para distinguir qué está comprando.

La propuesta de Bahamón apunta precisamente a resolver esa asimetría de información. Actualmente no existe una obligación específica que haga visible en el empaque, de la manera que él plantea, si el café que compramos es 100% colombiano. Su propuesta consiste en construir una norma que permita identificar el origen con facilidad, sin necesidad de ser experto ni buscar información escondida entre las letras pequeñas del empaque.

Estoy completamente de acuerdo con el principio que existe detrás de esta propuesta. Si alguien quiere comprar café importado porque es más económico, debería poder hacerlo. Si prefiere pagar más por un café producido por familias colombianas, también debería poder elegirlo. La verdadera libertad del consumidor comienza cuando tiene información suficiente para saber qué está llevando a su casa.

Don Efra hace presencia en Bares de toda Colombia

Del café a nuestros destilados

Como Curador Consciente®, creo que esta conversación debería extenderse hacia otra industria que hace parte de nuestra cultura líquida: los destilados. Colombia tiene una enorme tradición alrededor de la caña de azúcar, la panela, los aguardientes y los rones. Sin embargo, asociar una bebida con Colombia no necesariamente nos informa sobre el origen de todas las materias primas utilizadas para producirla.

Por eso quisiera llevar la propuesta de Bahamón un paso más allá. Así como deberíamos poder identificar fácilmente cuándo estamos comprando café 100% colombiano, ¿por qué no avanzar hacia mecanismos que permitan saber cuándo un destilado de caña fue elaborado realmente con caña, panela, mieles o alcohol producido en Colombia?

No se trata de afirmar que todo producto importado sea malo ni que una bebida elaborada con materias primas extranjeras tenga necesariamente menor calidad. Se trata nuevamente de transparencia. El consumidor debería poder diferenciar entre una bebida fabricada o embotellada en Colombia y otra cuya materia prima fundamental también nació, fue transformada y generó valor dentro del territorio colombiano.

Esa pequeña diferencia en una etiqueta podría producir un cambio enorme en la manera como entendemos nuestras bebidas. El origen dejaría de ser únicamente una herramienta de marketing para convertirse en información concreta que permita decidir qué cadenas productivas queremos apoyar con nuestra compra.

Recuperar el valor de nuestra caña

Esta reflexión está profundamente relacionada con lo que buscamos construir desde Tafias Ancestrales. Nuestro propósito es desarrollar destilados a partir de materias primas colombianas y recuperar conocimientos asociados a la fermentación y la destilación de la caña que durante generaciones hicieron parte de numerosos territorios del país.

La Ley 2005 de 2019 abrió además un camino importante para esta industria. La norma estableció que las bebidas alcohólicas producidas por trapiches paneleros de economía campesina o centrales de mieles vírgenes, exclusivamente a partir de caña panelera, panela o miel, pueden ser de libre producción e introducción bajo las condiciones establecidas por la legislación colombiana. También contempló el alcohol potable producido bajo estas características dentro de este nuevo marco.

Es precisamente dentro de esta visión donde desarrollamos Don Efra Tapetusa. Para nosotros poder comunicar que trabajamos con caña de origen colombiano no es una frase decorativa en una botella. Representa una decisión sobre el tipo de industria que queremos ayudar a construir y sobre la relación que buscamos establecer con productores, trapiches, bartenders, restaurantes y consumidores.

Queremos recuperar el valor de fermentar y destilar desde el origen, cuidar las materias primas y construir bebidas que puedan explicar claramente de dónde vienen. No buscamos solamente que alguien pruebe un destilado colombiano. Queremos que pueda entender qué existe detrás de esa copa y qué territorio está apoyando cuando decide consumirla.

El origen también construye cultura

Durante mucho tiempo la industria de las bebidas ha competido principalmente alrededor del precio, la distribución y el posicionamiento de marca. Todos esos factores seguirán siendo importantes, pero el consumidor contemporáneo comienza a hacerse preguntas diferentes. Quiere conocer quién produjo lo que consume, qué ingredientes contiene, cómo fue elaborado y cuál es el impacto de su decisión de compra.

Por eso considero que Colombia debería avanzar hacia una cultura donde el origen sea cada vez más visible. Primero en el café, aprovechando la conversación que abrió Germán Bahamón, pero también progresivamente en otras categorías donde nuestro territorio tiene algo extraordinario que ofrecer. El cacao, la panela, la caña y nuestros destilados pueden beneficiarse de consumidores que comprendan mucho mejor aquello que están comprando.

Un sello de origen colombiano no debería entenderse como una barrera contra lo extranjero. Debería ser una herramienta a favor de la transparencia. Después será cada consumidor quien decida qué comprar de acuerdo con su presupuesto, sus gustos y sus valores.

En Tafias Ancestrales queremos contribuir a esa conversación desde la Cultura Líquida Colombiana. Creemos en destilados con identidad, materias primas reconocibles y procesos capaces de contar una historia verdadera sobre nuestro territorio. Porque antes de pedirle al consumidor que valore lo colombiano, tenemos una responsabilidad mucho más básica.

Debemos permitirle reconocerlo.

Y ahí comienza el verdadero valor del origen.

Don Efra hace presencia en Bares de toda Colombia