La complejidad del consumo, por qué las marcas ya no venden como antes

Juan Camilo RiveraDurante muchos años construir una marca parecía seguir una fórmula relativamente sencilla. Bastaba con tener un buen producto, invertir en publicidad, lograr reconocimiento y mantenerse presente en la mente del consumidor. Hoy esa realidad cambió por completo. La complejidad del consumo ha transformado la forma en que las personas toman decisiones y ha hecho que incluso las marcas más reconocidas tengan que replantear constantemente su propuesta de valor.

La complejidad del consumo cambió las reglas del mercado

Hoy tener una marca posicionada ya no garantiza el éxito. Tampoco basta con hacer una gran campaña de marketing o destinar un presupuesto millonario a publicidad para asegurar las ventas. El consumidor actual es mucho más informado, más exigente y menos fiel que hace algunos años. Compara, investiga, prueba y cambia de marca con facilidad cuando encuentra una propuesta que conecta mejor con sus necesidades o con el momento que está viviendo.

Vivimos en una sociedad donde las personas ya no tienen una sola marca para toda la vida. Hoy utilizan diferentes marcas según la ocasión, el presupuesto, el estado de ánimo o la experiencia que buscan. Esta realidad, descrita por muchos autores como una cultura líquida, hace que construir una nueva marca sea un enorme desafío y que mantener una marca centenaria tampoco garantice su permanencia. Las empresas ya no compiten únicamente por ocupar un espacio en la mente del consumidor, sino por conquistar su corazón y convertirse en parte de sus historias.

El mercado evoluciona a una velocidad que obliga a las empresas a cuestionar constantemente sus estrategias. Tener un chef reconocido, ofrecer productos ultra premium, contar con bartenders o baristas especializados, obtener estrellas Michelin o aparecer en listas como The World’s 50 Best puede aportar prestigio, pero no asegura el éxito comercial. Los clientes valoran cada vez más la relación entre lo que reciben y lo que pagan. Buscan experiencias memorables, pero también autenticidad, coherencia y una propuesta de valor que realmente justifique su elección.

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La cercanía humana es el nuevo diferencial

En medio de esta transformación, las empresas que logran conectar emocionalmente con las personas son las que encuentran una ventaja competitiva más sostenible. La historia detrás de la marca, un servicio excepcional y una hospitalidad genuina generan vínculos mucho más fuertes que una campaña publicitaria. Cuando una empresa actúa desde su propósito y pone a las personas en el centro, deja de parecer una organización distante para convertirse en una marca cercana, humana y confiable.

Esta necesidad de acompañar al consumidor en distintos momentos también ha impulsado una tendencia cada vez más evidente. Muchas organizaciones han dejado de pensar en una sola marca para desarrollar portafolios completos que respondan a diferentes necesidades y públicos. No se trata únicamente de vender más, sino de estar presentes en distintos contextos de consumo sin perder relevancia.

Existen numerosos ejemplos de esta estrategia. Empresas como Postobón han ampliado su presencia mediante adquisiciones en nuevas categorías. El grupo chileno Cencosud fortaleció su operación en Colombia con la compra de Makro, mientras compañías globales como Nestlé, The Coca-Cola Company y PepsiCo continúan adquiriendo nuevas marcas para llegar a segmentos donde antes no participaban.

Incluso organizaciones del sector social han entendido esta lógica. Comfama ha desarrollado iniciativas como CESDE y Cosmo Schools, buscando responder de manera más precisa a diferentes públicos y necesidades. En contraste, organizaciones como FIFA han recibido críticas por privilegiar cada vez más la lógica transaccional sobre la experiencia del aficionado, con decisiones como los precios dinámicos de las entradas o las pausas comerciales durante los partidos, que para muchos afectan la esencia del espectáculo.

El futuro pertenece a las marcas más humanas

Estar presente en los diferentes momentos de vida del consumidor se ha convertido en una necesidad estratégica. Contar con varias marcas puede ampliar las oportunidades de conexión, siempre que exista coherencia entre ellas y que cada una tenga un propósito claramente definido. De lo contrario, el portafolio termina confundiendo al mercado y debilitando la identidad de la organización.

La verdadera diferencia ya no está únicamente en el producto, el precio o la distribución. Está en la capacidad de construir marcas que comprendan a las personas, que conversen con ellas y que generen relaciones duraderas basadas en la confianza. En un entorno donde las decisiones de compra son cada vez más emocionales, las empresas necesitan desarrollar propuestas de valor que combinen estrategia, sensibilidad y una comprensión profunda del comportamiento humano.

Por eso, perfiles capaces de integrar la estrategia con una mirada profundamente humana cobran cada vez más relevancia. Un estratega humano o un curador consciente no solo entiende mercados y tendencias. También comprende las emociones, los símbolos y las historias que conectan una marca con las personas. Porque al final, lo que permanece en la memoria del consumidor no es una transacción. Es la forma en que una marca lo hizo sentir.

¿Crees que las marcas del futuro competirán más por sus productos o por las experiencias que son capaces de crear? Déjanos tu opinión en los comentarios y comparte este artículo con quienes creen que el marketing empieza por entender a las personas.

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