Hay momentos en la vida en que no sabemos bien quiénes somos ni hacia dónde vamos. Eso le ocurre a las personas. También a las empresas. Incluso a los países.
Cuando aparece una crisis de identidad, el potencial queda atrapado. Sin claridad sobre lo que somos, resulta difícil construir algo sólido y coherente en el tiempo.
Crisis de identidad en personas, marcas y países
Muchas marcas viven intentando parecerse a otras. Copian estrategias, estilos o discursos sin preguntarse primero cuál es su esencia.
Algo similar ocurre con los países. En Colombia este fenómeno se ha señalado muchas veces. El comediante y pensador Jaime Garzón decía con ironía que los pobres querían ser mexicanos, la clase media americana y los ricos franceses.
La frase refleja una dificultad profunda. No siempre logramos ponernos de acuerdo sobre un propósito común como país.
Cuando falta identidad, también faltan pilares que orienten el crecimiento.
Potencialidades que emergen sin planearse
A pesar de esa falta de claridad, Colombia ha desarrollado algunas fortalezas de manera casi espontánea. Innovaciones o soluciones que surgen por necesidad.
- El uso masivo de WhatsApp para comunicación y comercio
- El crecimiento de los supermercados de descuento
- La expansión de las billeteras digitales
- El desarrollo del transporte aéreo para conectar ciudades
- El uso extendido de la motocicleta como solución de movilidad
Incluso las limitaciones geográficas, como las montañas, han impulsado ciertas industrias y formas de conexión dentro del país.
Lo que define la identidad de un país
Colombia también tiene atributos que han construido una identidad positiva en el mundo.
- El café
- Las flores
- El aguacate
- La ropa interior femenina
Estos productos han logrado posicionarse internacionalmente y muestran el potencial del país cuando existe claridad sobre lo que se puede ofrecer.
Sin embargo muchas veces el país termina destacándose por sus demonios. La ilegalidad, el narcotráfico, la violencia o el lavado de activos han marcado durante años la percepción externa.
Es más fácil que lo negativo haga ruido que lo positivo.
Propósito e identidad para no perder el rumbo
Cuando no hay conciencia sobre quiénes somos, se repiten errores. Esto sucede en países, en empresas y también en las personas.
La conciencia nace del propósito. Cuando una marca no tiene propósito se vuelve difusa. No inspira, no atrae y termina copiando lo que hacen otros.
Entonces aparecen las promociones permanentes, las guerras de precios y la obsesión por parecerse a quienes sí tienen una identidad clara.
Para evitar una crisis de identidad es necesario responder preguntas fundamentales.
- Por qué existe la marca
- Para qué existe
- Qué quiere llegar a ser
El qué y el cómo vienen después. El qué representa los resultados y el cómo las estrategias. Pero todo parte del por qué y del para qué.
Sin propósito no hay alma. Sin identidad es fácil perderse en el mercado.
Así como una persona puede necesitar un psicólogo y un país necesita pensadores que lo cuestionen, una empresa también puede necesitar un acompañamiento externo.
Un consultor ayuda a observar con distancia, a hacer las preguntas difíciles y a construir claridad antes de que la crisis llegue.
¿Crees que muchas marcas hoy están viviendo una crisis de identidad?
Déjalo en los comentarios y comparte este artículo con alguien que esté buscando definir el propósito de su empresa.

